EL ORDEN DIGITAL

lunes, 18 de febrero de 2013

CONTESSI Y OTEGUI EXPLICAN POR QUE COMPRARON PESPASA

"Siempre hemos ido contra la corriente" Domingo Contessi y Pablo Otegui explican las razones por las cuales Pesquera Veraz tomó las riendas de Pespasa en la Patagonia. Los nuevos activos para subsidiar la estructura merlucera de Mar del Plata que no remonta y apostar a la recuperación del mercado del langostino. Cuando todo en la industria pesquera nacional parece ensombrecerse a partir de los nubarrones negros que sobre la actividad se posan desde hace un par de años, todavía quedan empresarios que ven un atisbo de luz en la noche cerrada. Domingo Contessi y Pablo Otegui, Gerente de Pesquera Veraz, patearon el tablero el mes pasado cuando la empresa marplatense anunció que se quedaba con el ciento por ciento del capital accionario de la japonesa Pespasa, cuyos directivos abandonaron la Patagonia rendidos después de 30 años de convivir con un sistema pesquero, y sus actores, un tanto particular. ¿Qué distinguen de esperanzador los empresarios marplatenses como para llevarlos a tomar semejante decisión? Sumar activos cuando todos se desprenden o el que no puede, al menos lo intenta. Achicar la estructura parece la receta de muchos para enfrentar la crisis de rentabilidad que afecta al sector. Hasta el propio Antonio Solimeno, casi en simultáneo con el anuncio de Pespasa, sacaba el pie de Puerto Deseado. Para explicar la decisión que terminaron de cristalizar en los papeles el mes pasado pero llevó más de un semestre de análisis y ponderaciones, Otegui cuenta algunos capítulos anteriores de esta historia. “En el 2002 comencé a observar a la Patagonia como un destino inevitable si uno quería prosperar en el negocio. El modelo había comenzado a cambiar y si el sur recibió mucha inversión extranjera fue en parte porque desde Mar del Plata la tradición, el modelo empresarial, llámalo como quieras, hacía poco menos que imposible que los gringos aceptaran llevar un barco hasta allá porque eso implicaba que lo dejaran de ver. A mí me costó 18 meses convencerlos de mover al Nddanddu. Pero nos fue muy bien y se acostumbraron a no ver al barco cada vez que ingresaba a puerto”. Al poco tiempo llegó la crisis en la pesquería de langostino, en el 2005, por la sobrepesca del reclutamiento, que desmoronó el nivel de actividad y se desplomaron los desembarques. De una media de 60 mil toneladas, ese año se terminaron pescando 5 mil, con el cierre anticipado de varias áreas de pesca. “Para ese momento ya teníamos el Frigorífico Bonasur en Rawson y como siempre vamos en contra de la corriente, cuando muchos se asustaron ese año, compramos el Miss Patagonia, de Conarpesa”, agrega Domingo. Está visto que antecedentes en suelo patagónico, sobran. Que las experiencias positivas anteriores permitieron sumar un nuevo riesgo. Ahora nos aproximamos a los hechos recientes, que también tienen un análisis de contexto. Explican que si bien la crisis estructural que afecta a la merluza y al langostino está instalada y si no se modifican algunas variables en el circuito productivo, permanecerá hasta que haga eclosionar a varios actores, vislumbran alternativas en la comercialización del marisco. Cada uno hace aportes a la construcción del diálogo. “La merluza ha tocado su precio más alto en 2011, a U$S 3500. Hoy no llega a U$S 3300 y no es descabellado pensar que siga bajando. Los costos ya rondan los U$S 3800 la tonelada y ése sí es más probable que aumente. En cambio el langostino está en una meseta. Hoy vale 6 euros el kilo de un tamaño L1. Debe ser su piso histórico, con precios mucho más bajos para los tamaños menores. Hoy, como muchos lo comercializan, no deja de ser un commodity que tiene un alto costo para un precio bajo. El modelo que se incentivó desde la Patagonia fue que el costo de la planta y de la mano de obra se sume al costo de la captura. Eso generó que el recurso se exportara sin agregado de valor”, explica Otegui. “Nosotros apostamos al rebote del mercado y a consolidar un nicho que hemos abierto fuera de la Europa española que domina los desembarques, con productos de valor agregado, con más tecnología que mano de obra. Incorporamos equipos de congelación continua. Le vendimos más a Japón que a España por ejemplo el año pasado. Abrimos una puerta en Egipto, otra en Polonia. De a poco nos introducimos en el mercado americano. Con la inversión hecha casi que duplicamos la producción en 24 horas”, cuenta a su vez Contessi. Según Otegui, “el langostino es un producto suntuario en un país como España que no puede salir de la crisis. Lo primero que dejás de comprar es langostino. Luego incide también la sobreoferta del producto, a partir de buenas capturas en nuestro caladero. Y también en la caída del precio creemos que hay una pata financiera. Muchos no venden langostino barato, sino que compran plata”. Para Contessi “los nichos de mercado que hemos abierto permiten un crecimiento de la oferta. A eso apuntamos y nos esforzaremos para afianzarnos. Pero ojo, no debemos pasar por alto que con este nicho de rentabilidad vamos a subsidiar a los sectores que son deficitarios en Mar del Plata”. “Pienso que la crisis que atraviesa a la industria pesquera hoy, es más grave que la del 2001. Aquella no tenía inflación como ahora y no parece haber condiciones como para salir de la coyuntura con una devaluación. Creo que el problema de rentabilidad que afecta a la pesca lo sufren otros sectores productivos. Mientras se buscan las soluciones nosotros optamos por intentar alternativas que nos permitan revertir el panorama”, concluye Otegui. ¿Qué les dijeron sus colegas empresarios cuando les contaron de sus planes?, fue la pregunta final de REVISTA PUERTO. Los dos coinciden. “De diez, nueve nos dijeron que estábamos locos. Lo mismo que nos habían dicho en el 2005”. Fuente: Revista Puerto