EL ORDEN DIGITAL

jueves, 23 de octubre de 2008

COLUMNA DE OPINION/

LA CALLE DE ALFONSIN DEBERIA ESTAR EN PUERTO DESEADO

Las sucesivas caídas electorales del otrora vencedor y gobernante radicalismo de Puerto Deseado han hecho que los correligionarios omitan un merecido homenaje al ex presidente Raúl Alfonsín. Tal vez el recuerdo de la hiperinflación y los saqueos hayan empañado en la memoria colectiva la honestidad del hombre que hace poco fue reconocido públicamente por la presidenta Cristina Fernández.
La comunidad de El Calafate decidió, a través de sus representantes, ponerle el nombre de Alfonsín a una de sus calles. Sin ninguna connotación partidaria ni etiquetas pasadas de moda, es un acto de justicia, es un homenaje en vida al tipo que representó la gran esperanza frente a la quema de cajones y a los muchachos que pintaban en los paredones de Buenos Aires: "somos la rabia de Perón". El sermón laico del primer presidente de esta etapa democrática, con el preámbulo, puso de moda la Constitución Nacional.
No sé cuánto habrá hecho Alfonsín por la principal localidad turística de Santa Cruz, pero los deseadenses deberían recordar algunos logros de aquellos primeros cuatro años de gobierno constitucional. El intendente de Puerto Deseado era el maestro de escuela Rafael Gómez Wilson, de extracción radical, que le había ganado las elecciones al peronista Oscar Iribarren; en la provincia gobernaba Arturo Puricelli, líder de un peronismo todavía unido. Daniel Peralta era un gremialista bancario que conducía la CGT y Néstor Kirchner todavía regía los destinos de la Caja de Previsión Social. La competencia era feroz. Ubaldini atormentaba al gobierno nacional con sus continuos paros generales. Para el intendente radical, ex profesor de Puricelli en sus tiempos de estudiante en el colegio San José de Deseado, era un desafío a la inteligencia, a la convivencia, a la astucia y a la capacidad de negociación de cada uno de los actores.
El 15 de julio del 84 la ciudad de la ría celebraba su Centenario. Una visita presidencial, esperada y celebrada, fue el corolario de una larga sucesión de festejos. El inteligente obispo Miguel Angel Alemán, desde el atril de la parroquia Nuestra Señora de la Guardia, desafió elegantemente. "Puerto Deseado -reflexionó el obispo- es una población que ha sufrido mucho. Su historia está marcada por muchas desilusiones. Pero en este centenario nos está predicando que una misma fe y un mismo patriotismo pueden llevarnos a opciones políticas, económicas, culturales, distintas, pero que el bien común puede tener suficiente fuerza para unir cuando es claramente conocido por todos y así multiplicando las fuerzas obener los objetivos propuestos. Una vez más nos dice que un pueblo unido es un pueblo fuerte", agregó y Alfonsín, ni lerdo ni perezoso, desde el mismo recinto pero ubicado en el balcón junto a Puricelli, dijo "sé muy bien donde estoy" y comenzó a desgranar una serie de datos históricos y geográficos sobre Puerto Deseado, que se sumaron a los anuncios sobre varias obras de importancia.
"Como escuchábamos hoy en el Evangelio de una cosa sí podemos estar seguros: la semilla cayó en la buena tierra, porque ha fructificado en hijos, nietos y bisnietos de los que llegaron un día a realizar ese esfuerzo extraordinario y han ido con el tiempo superando el olvido, superando la injusticia, para colocar hoy a Puerto Deseado en la situación en que se encuentra, en la plataforma de despegue que ya nos permite avizorar un futuro de extraordinario desarrollo", sentenció el entonces presidente, que llevaba poco más de seis meses de mandato, bien asesorado por su asesor en temas patagónicos, el doctor Rodolfo Martinovic.
Algunos recuerdan sólo la parte negativa. Como argentinos, es una actitud muy repetida. No sólo los adversarios, sino los mismos radicales han comprado el mensaje de que Alfonsín prometió reactivar el ferrocarril y eso no se cumplió. Lo cierto, lo que saben Gómez Wilson y el ex gobernador Puricelli es que el entonces primer mandatario supeditó esa reactivación a que la provincia de Santa Cruz asegurara carga para la línea, cosa que no ocurrió. Por eso no hubo ferrocarril Deseado-Las Heras. Varios presidentes pasaron y hasta ahora las vías siguen tal como quedaron.
Lo cierto es que el gobierno de Alfonsín, y las gestiones del maestro Gómez Wilson y del abogado Puricelli, con todo el fervor de la democracia joven y bella, lograron que Puerto Deseado tuviera, entre otras obras de infraestructura:
-la ampliación del muelle, con una donación de veinte millones de dólares no reintegrables por parte del gobierno de Japón
-la línea de alta tensión, indispensable para cualquier desarrollo industrial
-el gasoducto "Centenario", que proveyó de gas natural a la ciudad por primera vez, tras veinticinco años de gestiones y desazones
-la antena repetidora de ATC, que permitió por primera vez contar con dos emisoras de televisión
-el descuento del cincuenta por ciento en los combustibles para los habitantes de la Patagonia austral
-estímulo a la exportación por puertos patagónicos y créditos para varios emprendimientos productivos en la zona

Algunos no lo recuerdan, pero el intendente Gómez Wilson promovió, allá por el 84, que las diversas instituciones y fuerzas vivas de su ciudad inundaran de telegramas el despacho del presidente para que llevara el "mangazo" para la ampliación portuaria en su viaje a Japón. Y así fue. El gas, el muelle, la electricidad, permitieron que Deseado tuviera un crecimiento explosivo en la década del 80. Otras medidas promocionales -como la rebaja en los combustibles- se fueron diluyendo a lo largo de los años, pero a la ciudad le quedaron varias deudas de gratitud con Alfonsín, todavía no saldadas. Sus decisiones políticas influyeron, influyen e influirán durante muchos años en el bienestar de los deseadenses y en sus posibilidades de seguir creciendo.

Mario dos Santos Lopes
deseadorevista@hotmail.com