EL ORDEN DIGITAL

viernes, 1 de agosto de 2008

PAPELES SUELTOS/ nueva sección de "EL ORDEN"

papeles
sueltos


AMORES QUE MATAN
La abuela le hace notar permanentemente que su hermanito es tan gracioso, tan inteligente. La mamá dice, delante de las visitas, que él, pobrecito, es duro para las matemáticas. El papá le dice «sos un boludo», cuando se tropieza y se golpea. Entre las amorosas agresiones familiares y la compasión destructiva, el pibe va creciendo con una autoimagen subterránea.
El pibe, que tenía condiciones para algo, porque todos tenemos condiciones para algo, se va acostumbrando a los rótulos que le pusieron durante años sus mayores. Claro, nadie da un curso ni un permiso de conducir niños. Nacen, nos emocionamos, etcéterra, pero ahí nomás empezamos a inculcarles valores o disvalores. Ahí nomás los estamos preparando -sin licencia ni diploma- para ser libres, volar alto, o para que se desvaloricen y desvaloricen a todos los que tienen alrededor.
Un día, con un poco de suerte a su favor, el pibe se da cuenta que no era ni un pobrecito, ni un nulo, ni un incapaz. A veces aparece en su vida una mujer que le hace saber quién es, qué valores tiene, y le pone alas en el alma. Y el pibe se agranda, pega un portazo y se va. «Aparte de tonto, nos salió rebelde», tal vez comente alguno de sus familiares, desilusionado.

COSAS DE PUEBLO
Todavía decimos, al subir a un remis: «voy hasta mi casa». Todavía podemos decir que vamos a la tienda de Juanita, o a lo del Chula, o la casa de Fulano o Mengano. Todavía hay gente que no sabe muy bien la altura de la calle, sino el nombre -o mejor, todavía, el apodo- del vecino de enfrente o de al lado. Los que recién llegan se sorprenden, y después se adaptan. Los sobrenombres no desaparecen, sólo se renuevan. Todavía nos asomamos alarmados cuando hay sirenas o se vé humo. Todavía nos molestamos en llevar a la radio un celular, un documento o una cartuchera que encontramos. Todavía acudimos rápidamente en auxilio de alguien que está en problemas. Todavía nos tomamos tiempo para cambiar el plan del día si hay un amigo con alguna herida. Todavía nos quedan muchas cosas de pueblo. Menos mal.

YO ME QUEJO
Yo me quejo.
Tú te quejas.
El se queja.
Pero yo me quejo más.
Y si vos no te quejás, te califico de oficialista, o de oligarca, o de imbécil.
Yo me quejo.
Y hasta que no logro irritarte y enojarte a vos también, no paro. Salvo que te hayas escapado mientras yo te presentaba mi largo rosario de quejas.

UN SECRETO
¿Cuán secreto es un secreto? Ella se lo cuenta a él, que probablemente no le prestó mucha atención, o no recuerda que era un secreto, por lo que al día siguiente, sin mala intención, lo comenta a una compañera en la oficina. A su vez ella, pidiendo reserva, lo comenta sólo con sus dos amigas más íntimas. Las dos amigas sólo se lo cuentan, bajo amenaza, a sus maridos, que, sin pensar demasiado y sin pretender perjudicar a nadie, sólo se lo transmitirán a algún amigo o amiga cercana. O no, porque los hombres olvidan más rápido que las mujeres. Dudando de que sea cierto, una de las amigas de sus amigas le pregunta a otra compañera si realmente se trata de Ella. Esto lleva a varias interconsultas, hasta que todas, absolutamente todas, aún los que no la conocen, saben que Ella estrenó amante.

POR LAS RAMAS
Comento por radio que antes, el 11 de septiembre, en las escuelas se plantaban árboles. Los chicos, acompañados por sus maestros, plantaban árboles, y luego se hacían cargo de cuidarlos. En algunos lugares esto se transformó en una ceremonia pública, donde las autoridades daban el ejemplo, aunque nunca supimos si después iban con un balde a regarlos. Alguien llama y me aclara que el día del árbol es, o era, el 29 de agosto; hablando de árboles, empezamos a irnos por las ramas. Pero del tema central, de retomar esta sana tradición de forestar, de eso nadie dice nada.

30 MILLONES
El 1 de agosto de 2008, además de compartir el ritual de la caña con ruda con Espíndola, Florencio, Benítez y otros fieles correntinos, asistimos al final de las «bolsas camiseta» de polietileno. Un cálculo aproximado y probablemente inexacto indica que dentro de un año habrán dejado de circular treinta millones de esas bolsitas.
No será la solución última ni perfecta, pero algo había que hacer. Al menos las futuras generaciones reconocerán que intentamos hacer algo.

Mario dos Santos Lopes

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